Sobre un curso decisivo, por Nieves Bayo.

Sobre un curso decisivo, por Nieves Bayo.

Nieves Bayo, Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Española.
Nieves Bayo, Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Española.

 MM.·.QQ.·.HH.·.GG.·.CC.·.

En este comienzo de un nuevo Curso masónico, permitidme que os haga una pregunta que a algunos quizá les sorprenda.

¿Sabéis para qué estamos aquí? ¿Cada uno de vosotros lo sabe?

En el Curso pasado, nuestra Gran Logia ha crecido y ha multiplicado sus relaciones y contactos, tanto dentro del ámbito español como en el extranjero. Nuestra voz se ha oído en todos los foros masónicos europeos y nosotros mismos hemos sido los anfitriones de la Unión Masónica del Mediterráneo, que reunió en Toledo a delegaciones de Obediencias de numerosos países y que fue un completo éxito. La voz de la GLSE no ha callado cuando ha tenido que reclamar (y esto ha sucedido varias veces) ayuda, respeto y dignidad ante el tremendo drama de decenas de miles de seres humanos que prefieren correr el riesgo de ahogarse en el Mediterráneo antes que quedarse a esperar la muerte en sus países de origen, devastados por guerras que ya nadie entiende.

Pero ¿sabe cada uno de nosotros por qué lo hacemos? ¿Sabemos cuál es la causa de ese efecto que tanto esfuerzo nos exige?

En el Curso que ahora iniciamos nos esperan acontecimientos importantes.

En primer lugar, todos los fracmasones del mundo celebraremos el tercer centenario del nacimiento de la Francmasonería que conocemos hoy. Aquella reunión de unos cuantos caballeros en una taberna de Londres, el día de San Juan de 1717, generó un trabajo de dimensiones planetarias que se ha ido transformando, perfeccionando y adaptando a la realidad del mundo generación tras generación. Nosotros somos hoy los que recogemos el testigo de millones de hermanos y hermanas que nos precedieron. Nuestro deber es entregar ese legado ético y humanista a quienes vengan después, y ellos se lo darán a otros, y así siempre. Formamos parte de una cadena que no se sujeta a las leyes del Tiempo y nuestra obligación es entregar lo que nos dieron en mucho mejor estado que en el que se hallaba cuando lo recibimos. Pero ¿sabemos hacer eso? Mejor dicho, ¿somos conscientes de que nuestra función es recibir, aumentar y por último entregar un tesoro moral, unos principios, unas actitudes y unos ideales sin los cuales la humanidad dejaría de ser lo que es y habría que buscarle otro nombre, quizá en los libros de zoología? ¿Y nos damos cuenta de que si nosotros, si cada uno de nosotros no comprende, no cultiva, no interioriza ni hace perfectamente suyo ese tesoro, éste deja de existir y sencillamente no tendremos nada que entregar a nadie, y lo que hacemos aquí no será más que un juego o un club de gente rara como hay tantos? ¿Sabemos eso?

Nuestra Gran Logia, en este curso que empieza, se dispone a inaugurar una nueva Sede central en Barcelona. Ha costado mucho esfuerzo, la hemos levantado entre muchos y la vamos a compartir con muchos HH.·. y HHas.·. más de la Masonería liberal española. Este nuevo lugar de trabajo, esta nueva Casa de Todos marcará un antes y un después en nuestra historia. Echaremos de menos el inolvidable y anciano templo de la calle de Avinyò, donde tanto hemos soñado y tanto hemos aprendido, pero los tiempos son otros y nuestra Casa Grande se renueva con ellos.

Este año también vamos a abordar la primera fase de una reforma de nuestros Reglamentos Generales que, si todo va bien, superará las sorprendentes dificultades que está encontrando el proceso y, una vez concluida, logrará que nos dotemos a nosotros mismos de una Ley clara, eficaz, consensuada, manejable y comprensible que facilite todo lo posible el trabajo que tenemos que hacer, y que evite no sólo discusiones bizantinas sino agotadoras pérdidas de tiempo.

Este año se propondrá la aprobación definitiva de una revisión del libro del Ceremonial Masónico que ponga nuestras celebraciones en el siglo XXI y, sin perder de vista en lo más mínimo la vieja belleza de la forma y el peso de la Tradición, las libre de expresiones machistas, paternalistas y presuntuosas que no tienen nada que ver ni con la esencia de la Francmasonería ni con la sociedad en que vivimos.

Y también este año tomará forma definitiva el Plan de Formación de Compañeros y Maestros que la Gran Logia lleva preparando desde hace tiempo y que, si se pone en práctica como todos esperamos, logrará que muchos de nosotros hagamos nuestro trabajo de una manera más eficaz, más profunda y más sabia; que sepamos transmitir mucho mejor el conocimiento y el Método con el que trabajamos; y que logremos así hacernos no ya mejores personas, sino las mejores personas que podamos ser.

Porque ahí está la clave de todo, lo que da sentido a todo. Si algo celebramos en este curso, son trescientos años de un trabajo continuado y tenaz que ha contribuido a hacer del mundo un lugar mejor. La nueva Sede es un lugar de trabajo más grande, más cómodo y más digno, pero es un lugar de trabajo. Los Reglamentos Generales ayudarán a hacer más fácil y eficaz ese mismo trabajo; no sirven para ninguna otra cosa. Lo mismo puede decirse del Ceremonial y del Plan de Formación. ¿Sabemos todos esto?

¿Sabemos que ese trabajo del que hablamos tantas veces no es nada más, ni nada menos, que perfeccionar nuestro interior, convertirnos en mejores personas y no en peores? ¿Sabemos de qué estamos hablando cuando nos referimos, orgullosamente, a nuestros Trabajos? ¿Sabemos a qué venimos, en realidad, aquí?

Perdonad que insista en esto, pero es que me parece fundamental:

¿Tenemos claro que aquí venimos a hacernos mejores personas y no peores?

Si no sabemos eso; si nuestra presencia aquí obedece, oídme bien, a cualquier otra cosa que no sea el tallado de la Piedra Bruta; a la autoconstrucción, al perfeccionamiento de cada cual, al propio conocimiento, la aceptación y la corrección de nuestra actitud ante la vida y ante nosotros mismos (y todos sabemos que eso es dificilísimo y lleva mucho tiempo); si estamos aquí por cualquier otra razón, estamos cometiendo algo peor que un error: estamos perdiendo el tiempo, y sobre todo se lo estamos haciendo perder a los demás. Porque la Masonería, o sirve para hacernos mejores de lo que somos (y eso nos lo tienen que decir los demás, no nosotros mismos), o no sirve absolutamente para nada.

Yo creo que sí sabemos todo esto. Sí sabemos por qué estamos aquí. A veces parece que se nos va de la cabeza, pero lo sabemos. Por eso os pido que, en este curso tremendo que ahora comenzamos, en el que tenemos que estar a la altura de lo que muchas veces decimos, o soñamos, o imaginamos, o queremos creer que somos, no nos dejemos distraer por la velocidad de las cosas, por la intensidad de las luces de fuera, por el ruido o por el veneno de nada ni de nadie. Recordemos lo más importante: aquí venimos a trabajar todos juntos para lograr algo que difícilmente lograríamos solos; ser mejores personas de lo que somos, y no peores. Ese es nuestro trabajo; no hay otro. Todo lo demás que hacemos, y sabéis bien que hacemos muchas cosas, parte de ahí, nace ahí, tiene su causa y su sentido nada más que en ese perfeccionamiento personal. Sin eso, estaríamos haciendo algo tan mortalmente aburrido como “jugar a los masones”.

Y podéis creerme: no estamos jugando. No nos podemos permitir que lo que hacemos sea un juego, primero porque traicionaríamos el tremendo esfuerzo de quienes nos precedieron y segundo porque el mundo en que vivimos, cada vez más áspero, más polarizado y más cruel, no puede permitirse ahora mismo que precisamente los masones, que muchas veces fueron el referente y la salvaguardia de lo mejor que tenemos de humanos, escondan ahora la cabeza debajo del ala .Si sabemos por qué y para qué estamos aquí, los masones, precisamente nosotros, no podemos permitirnos ser un juego. Nunca, pero ahora menos que nunca. Porque nunca como ahora fue tan necesario para la humanidad difundir el mensaje que nos lleva empujando desde hace trescientos años: Libertad, igualdad, fraternidad. Y justicia, y solidaridad, y dignidad. Para todos. En todas partes. Y para siempre.

Si sabemos por qué y para qué estamos aquí, hagámoslo. Todos y cada uno de nosotros, yo la primera. Trabajemos, trabajémonos, más que nunca antes. No podemos perder un minuto. Porque apenas quedan ya minutos que perder.

Que tengáis, V.·. M.·., QQ.·. HH.·. y HHas.·., un difícil, esforzado y fructífero curso masónico.

 

Nieves Bayo es la Serenísima Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Española.