¿Qué es el Método Masónico?

¿Qué es el Método Masónico?

Sócrates y el pensamiento masónico
Quizás con el que tenga más similitudes el método masónico es con el método socrático.

En estas líneas procuraré dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué es el método masónico? ¿En qué consiste, cómo se utiliza y para qué sirve? Primero, una aproximación: yo diría que el método masónico es el sistema basado en el lenguaje simbólico y estructurado en grados que utiliza la masonería para transmitir a sus miembros una serie de unas enseñanzas morales y filosóficas, y cuyo objetivo es concienciar al individuo sobre su condición humana y conducirlo así a su perfeccionamiento personal.

 

Y ahora entremos en detalles.

 

En primer lugar, el método masónico es la manera que tiene la masonería de hacer las cosas, de comunicarse, de enseñar esas lecciones a sus miembros. El método que utiliza la masonería es un arte, una práctica, una representación que nos convierte en protagonistas de una narración dividida en tres actos (introducción, nudo y desenlace) y que denominamos grados.

La masonería es un arte pues, y no una ciencia. Pero la ciencia también cuenta con su propio método, el método científico, con el que podemos establecer cierto paralelismo y que podemos estructurar, para ese propósito, en 3 etapas correlativas: 1º- Observación y planteamiento de hipótesis (lo que para nosotros es el aprendizaje), 2º- Experimentación y refutación de esas hipótesis (la etapa del compañero) y 3º- Formulación de conclusiones (la maestría).

Otro método, filosófico, con el que podemos comparar el nuestro, es el método cartesiano, que consiste en aplicar una duda sistémica a cualquier verdad que se nos plantea, para así llegar a las verdades que sí toleran esa prueba, que son por tanto sobre las que debemos construir nuestra realidad, y que llevó a Descartes a pronunciar aquello de “pienso, luego existo[1]. Y, sin dejar el mundo de la filosofía, quizás con el que tenga más similitudes el método masónico es con el método socrático, que utilizaba este filósofo para, a través de preguntas y respuestas, descubrir las ideas profundas que soportan nuestros planteamientos, sacarnos de nuestro error y ser alumbrados a la verdad[2].

Tanto la ciencia moderna como el bueno de Descartes o el socarrón de Sócrates, han utilizado respectivamente sus métodos, sus herramientas, su sistema, para obtener unos resultados: la primera todas las leyes y conocimiento científico que tomamos como realidades hasta la fecha, mientras que el filósofo francés obtuvo el primer principio filosófico moderno que es que el pensamiento y la propia existencia son primera certeza sobre las que construimos todas las demás. ¿Y Sócrates? A Sócrates le costó la vida simplemente preguntar a sus vecinos qué era la virtud.

¿Y cuál es el resultado es el que pretende obtener la masonería a través de su método, entonces? Pues bien, la masonería moderna es una institución producto de la época de la Ilustración y quizás su proyecto de utopía social por excelencia.

Masonería alegoría
Disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón

La finalidad declarada del movimiento cultural e intelectual de la Ilustración era el siguiente: “disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón“. Éste es exactamente el leitmotiv de la Masonería, referencia constante que encontramos a lo largo y ancho del método masónico como metáfora recurrente. Con la aplicación de este método, pretende la Orden que lleguemos a un entendimiento más profundo y sosegado de la vida, de nuestra realidad personal y nuestra vivencia colectiva, como el animal social que somos. Es una escuela donde estudiamos la condición humana y la construcción de la sociedad.

Repasando los tres grados, hemos viajado por la Tríada Dialéctica: Tesis, Antítesis, y finalmente, Síntesis. Lógica, Naturaleza, y Espíritu.

Como decíamos al principio, este método se estructura en tres etapas, tres actos en los que como masones tenemos que imaginarnos sucesivamente como un Aprendiz, como un Compañero y finalmente como un Maestro.

1º etapa.- El Aprendiz. El mito del paso de las tinieblas a la luz. Lo primero que hace un recién iniciado en masonería es guardar silencio. Callar para poder observar: la disposición de los símbolos en la logia, el comportamiento de los Hermanos durante los trabajos, etc., tras lo cual saca unas conclusiones provisionales, digamos unas hipótesis, destinadas a ser probadas y superadas. En esta primera etapa del método, el Aprendiz reflexiona, medita, escucha y piensa. Recopila toda la información a su alcance y se enriquece con las experiencias de los demás. El Aprendiz trabaja en el autoconocimiento, la reflexión, la prudencia, la humildad, la cautela, la moderación, la introspección. La enseñanza del grado es, entre otras: “Conócete a ti mismo” .

2º etapa.- El Compañero. El mito de la construcción del Templo. Una vez que hemos recopilado información y vivencias suficientes, es tiempo de que verifiquemos si se corresponden con la realidad. El Compañero debe viajar, debe acudir a otros lugares y conocer otros hermanos y realidades para contrastar las hipótesis que previamente había elaborado como Aprendiz y que necesita poner a prueba a través de la experiencia. Es el momento del pensamiento crítico, de discrepar, de mostrar iniciativa, de hablar, de contradecir, de ampliar sus horizontes y conocer sus limitaciones, todo con la finalidad de tener una mayor comprensión de la realidad que le rodea. El Compañero debe salir de sí mismo, y pasar de tener una conciencia individual a una social o colectiva. Pasar de la plomada, al nivel. La enseñanza principal del grado es: “Atrévete a saber”[3].

3º etapa.- El Maestro. El mito de Hiram. Este grado es el grado del equilibro. Tras haber observado, meditado, estudiado y experimentado, al Maestro le llega el tiempo de plantear sus conclusiones. No son tan claras como podríamos haber anticipado, ya que lo que se nos presenta no es una realidad en blanco y negro, sino en una amplia gama de matices de grises. Esta etapa final es la de la conciliación, la de reconciliar los opuestos, de trascender la dicotomía: el yo y los demás, la verdad y el error, lo espiritual y lo terrenal, el honor y la indignidad…todo forma parte de la imperfección de la condición humana. Somos una obra inconclusa y construirla dependerá de la voluntad y el empeño que pongamos en ello, nadie lo hará por nosotros. Se nos exhorta al honor, a la virtud, al cumplimiento de la ley, porque a través de ello es como accederemos a una vida buena[4]. Una de las enseñanzas del grado podría ser: “Es mejor padecer una injusticia que cometerla.[5]

Repasando los tres grados, hemos viajado por la Tríada Dialéctica: Tesis, Antítesis, y finalmente, Síntesis. Lógica, Naturaleza, y Espíritu. O por el camino de la ciencia, para los más racionalistas: observación, experimentación, conclusiones.

Los grados que estructuran el método masónico también pueden incardinarse con las diferentes etapas de la vida: la juventud, la época adulta y la edad madura, podríamos decir. Hemos dicho antes que la masonería es un arte, el Arte Real, o el Arte de la Vida, y no es en vano. Todas estas ideas a las que me referido antes y atribuido a cada grado, las aprendemos en la vida de una manera u otra, más pronto o más tarde, sin que necesariamente se corresponda con la edad biológica. La masonería lo único que hace es novelarlas, nos relata de una manera escénica, mítica, literaria, para apelar a nuestra consciencia y a nuestras emociones, las realidades que esconde la condición humana y que muchas veces vamos descubriendo de manera espontánea en la vida.

Para ello la masonería utiliza este método trino, al que nos estamos refiriendo, y se comunica con el masón por medio de un lenguaje codificado. Fundamentalmente a través de las herramientas de la construcción, pero también con símbolos universales de elementos naturales o basados en la geometría, las matemáticas o el arte.

Pero ¿por qué un lenguaje encriptado o simbólico? Es preciso camuflar esta serie de mensajes que nos quiere transmitir la masonería precisamente para huir de las verdades absolutas, de los dogmas, de las sentencias incontestables, para apelar a la creatividad del receptor y forzarlo a interpretar, a buscar el sentido y la conexión detrás de la imagen o las palabras, que puede tener una amplia gama de matices en su significado dependiendo del destinatario y sus experiencias, aceptando la diversidad de sus lecturas como elemento esencial de ese mismo mensaje.

El de la masonería, pues, es un conocimiento filosófico, no científico, es un conocimiento de la vida. Intenta dar respuesta a las clásicas preguntas kantianas: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? o lo que es lo mismo, ¿Qué es el ser humano? Y como todos los grandes conocimientos, estas cuestionas nos engendran grandes dudas[6].

la vida del hombre es corta para alcanzar el dominio sobre sus pasiones y convertirse en un intachable ser moral

Es por eso que quiero traer aquí, para terminar, unas palabras pronunciadas por Don Diego Martínez Barrio[7], quien fuera Presidente del Congreso de los Diputados y Presidente del Consejo de Ministros, pero también Gran Maestro del Gran Oriente Español, ante la Gran Logia Valle de México en 1939, y que habla sobre lo que enseña y se aprende en la masonería:

Martínez Barrio Masonería
La vida del hombre es corta para alcanzar el dominio sobre sus pasiones

Soy masón viejo y, sin embargo, me tengo por masón tan joven que me sentaría constantemente en los bancos de los recién iniciados. Soy masón viejo y he aprendido muchas cosas de la masonería, que no son familiares a todos los masones, y además una verdad que fuera del Templo masónico es punto menos conocida, y es que por mucho que se avance en el camino de la solidaridad y de la fraternidad, la vida del hombre es corta para alcanzar el dominio sobre sus pasiones y convertirse en un intachable ser moral. Esta enseñanza es puramente masónica; yo no la hubiera aprendido en un partido político, en una escuela sociológica, ni en la confusión abigarrada de los hombres, en el discurrir diario de sus tareas. No. 

En los partidos, en las agrupaciones económicas, en las mismas asociaciones de tipo religioso, confesional y dogmático, los hombres suelen aprender que las enseñanzas contienen toda la verdad y que, desde el momento en que se perciben, el ignorante se convierte en sabio, el sabio en doctor, el doctor en pontífice, y continuamente puede predicar “ex cátedra”, sin escándalo ni rubor. En masonería aprendí lo contrario. Dentro de las logias, estudiando los fundamentos de la institución masónica, supe una desilusionada verdad: la de que al desarrollo y al progreso del espíritu humano, conviene que no se conozca ni se posea nunca la totalidad de la verdad.”

[1] La sentencia completa de Descartes es: “Dubito ergo cogito, cogito, ergo sum“.

[2] La mayéutica, palabra derivada del griego y cuyo significado aproximado es “técnica de asistir en los partos“, se apoya en la teoría de la reminiscencia platónica, y pretende “dar a luz” al conocimiento latente que ya se encuentra en el alma.

[3] En latín, “Sapere Aude“, acuñado originalmente por Horacio en el siglo I a. C., popularizado por Kant en su ensayo ¿Qué es la Ilustración? escrito en 1784.

[4] Lo que Aristóteles denominaba la vida buena (que no la buena vida) cuyo objetivo es alcanzar la felicidad a través de la areté (la virtud) y del nomos (la ley).

[5] Pensamiento de Sócrates.

[6] Pensamiento de Aristóteles.

[7] Presidente interino de la República española (abril 1936-mayo 1936) y en el exilio (agosto 1945-enero 1962), Presidente del Consejo de Ministros (octubre 1933-diciembre 1933 y julio 1936-julio 1936) y Presidente del Congreso de los Diputados (marzo 1936-marzo 1939).