Masonería: Siglo XXI, por Juan de Mugarri

Masonería: Siglo XXI, por Juan de Mugarri

Masonería en España
En Masonería conviven varias maneras de entender su tradición

Un aniversario es un buen momento para pararse a reflexionar sobre lo que constituye el presente y el futuro de una práctica como la Masonería. No demasiado sobre el pasado, aspecto que tanto gusta a muchos.

Para ello, me parece necesario comenzar señalando que en la Masonería conviven dos maneras bien distintas de entender su tradición. La primera, espiritualista, ve en el método masónico un conocimiento gnóstico, no accesible al profano, al que se le concede un carácter mistérico y hasta soteriológico o de salvación y que lleva a hablar de la Tradición con mayúsculas. El otro enfoque y desde el que escribo estas líneas, tiene una perspectiva exclusivamente racionalista. Siendo ambas ramas igualmente legítimas es importante subrayar la necesidad de guardar cierta coherencia dentro de cada esquema pues uno y otro comportan una concepción muy diferente de la tradición, algo previo e imprescindible para poder hablar del presente y futuro de este método.

A mi juicio, la tradición de la Masonería no nace ni en el Medioevo, ni en los templarios ni en canteros ni en una tradición religiosa cristiana, ni siquiera en la metáfora de la construcción

A mi juicio, una tradición representa una comunidad extendida en el tiempo (histórica) que para la consecución de unos fines aporta las mejores soluciones consensuadas de cada momento. Ello implica un reconocimiento de la autoridad de anteriores miembros y de sus  mejores prácticas históricas y que los iniciados en definitiva no se apoyen en su mera arbitrariedad subjetiva y adanista. En este escrito yo desde luego no voy a referirme a cuáles sean esos fines de la Masonería, cuestión espinosa en la que muchos se ven obligados en todo momento a desvelar grandes esencias pero sí debo indicar algunas cosas sobre esta tradición.

A mi juicio, probablemente minoritario, la tradición de la Masonería no nace ni en el Medioevo, ni en los templarios ni en canteros ni en una tradición religiosa cristiana, ni siquiera en la metáfora de la construcción sino con todas las consecuencias en el paso de la masonería operativa a la Especulativa. Cuando un grupo de personas aceptadas en una cofradía gremial se hacen mayoría, toman el control y pasan a hacer una cosa total y absolutamente diferente, que puede ser descrita de mil maneras distintas y que yo, usando una de ellas, llamo una celebración de la diversidad humana. Por tanto y en mi opinión, ahí nace la parte mayoritaria de la tradición masónica que reelabora diversos materiales históricos como los señalados. Esa tradición, que data de las dos últimas décadas del siglo XVII y tiene por fechas señeras 1.717 y 1.723, establece una serie de prácticas que, también a mi juicio, se van sedimentando sin ser plenamente conscientes de su trascendencia, por prueba y error, de una manera humilde e intuitiva y sin designio previo intelectual o filosófico. Ciertamente, lo que no obsta para que haya sido una tradición extremadamente productiva y fértil; un método popular que surge de intuiciones más o menos geniales, sin grandes conceptos, ha sabido alinearse con las más importantes cuestiones de la humanidad en los últimos trescientos años. Dicho de otra manera, la Masonería ha estado la mayor parte de las veces en el lado ganador de la Historia y ha promovido y abogado por la mayoría de edad del hombre, su libertad de conciencia, la abolición de la esclavitud y el reconocimiento universal de derechos. En esto, la tradición masónica ha permitido abordar nuevos problemas y cuestiones de manera abierta y productiva para -sin dejar de ser ella misma- reinventarse en cada momento histórico.  Esta tradición ha acertado casi siempre, y lo que de verdad importa ahora es saber si hoy esa tradición está dentro o fuera de la historia- de ésta, de la del siglo XXI- y si el método y la práctica han devenido irrelevantes o no.

el Rito masónico es una construcción humana, a veces demasiado humana, que no contiene ninguna verdad revelada y que no es ni sacramental ni constituye una liturgia

La Masonería racionalista está en crisis, aún no terminal, a diferencia de la práctica convivial conocida como Masonería masculina. Me resulta sorprendente  constatar que hay masones que complacientemente no lo perciben este hecho para mí clamoroso, porque impide y retrasa dar con las medidas necesarias para revitalizar el método. No se trata de esbozar aquí un programa de acción sino reflejar mediante la crítica unos cuantos aspectos.

Me parece necesario subrayar que el Rito masónico es una construcción humana, a veces demasiado humana, que no contiene ninguna verdad revelada y que no es ni sacramental (no refleja mediante signos externos realidades ocultas) ni constituye una liturgia. Existen demasiados liturgistas en Masonería y pocos historiadores que analicen el origen de aluvión y mezcla presentes en el Rito.  Cuanto más se cae en un formalismo puntilloso,  hueco y estéril más se acredita la pérdida de vigor y utilidad de la práctica. Cabe preguntarse si, como en todo otro momento de la historia, el Rito sigue abierto y sigue siendo capaz de ser innovado y adecuado o si por el contrario todos los elementos simbólicos y ceremonias están  definitivamente cerrados. En este caso, significaría desconocer que el Rito no es en esencia sino un ordenamiento, una secuenciación que aclara e ilumina una práctica grupal pero que carece de otro valor que no sea el instrumental.

La Masonería no nació siendo antimoderna sino todo lo contrario. La confusión entre tradición venerable y el prestigio y autoridad que conllevan y una estética ruinosa y de peluca y paletó me parece asombrosa. No se entiende por qué, en el siglo XXI, no se usan los medios (pantallas, tecnología) y la estética de este siglo en vez de una atmósfera cargada de impostura Ilustrada y de concierto de cámara. No se debiera caer en las mascaradas de forma permanente. Por no hablar de los esquemas intelectuales que centran una supuesta esencia de la Masonería en una lectura caduca ya de la Ilustración o en un existencialismo de saldo o en un contenido político determinado. No sé desde luego qué sea la Masonería, pero estoy razonablemente seguro de que debe, que tiene la obligación de ser contemporánea, si es que no quiere quedar fuera de la historia. Quizá lo peor sea que ante la esterilidad de todos los modelos y esquemas racionales y filosóficos se cae en un sentimentalismo dulzón y empalagoso que desconoce los riesgos y los beneficios de una sana fraternidad.

la Masonería no sobrevivirá si sigue mirando más a siglos pasados que a los futuros

La Masonería, desde mi punto de vista, ha abusado de la metáfora de la construcción, dejándola agostada en un mundo radicalmente alejado no ya de un pasado gremial o de artífice, de Homo faber, sino postindustrial y muy mayoritariamente de servicios y en el que debe reivindicarse, si algo, la capacidad de acción humana, de principiar algo. Sucede lo mismo con la glorificación del trabajo en una sociedad del ocio que camina hacia la robotización en el que la cuestión clave no es el ejercicio de virtudes (leídas como si fueran Verdad Revelada y producto pleno de un contexto histórico) sino la extensión universal de derechos para ser más Hombres. Me parece, por tanto, que sigue habiendo Masonería sin cantería y sin construcción y sin trabajo, siempre que algunos masones se reúnan con orden y sentido  para contar-se las (mejores y más inteligibles) historias de su vida.

Termino señalando que en mi opinión la Masonería no sobrevivirá si sigue mirando más a siglos pasados que a los futuros. Estoy convencido que solo pensando sobre esta práctica para el siglo XXII se podrá decir algo con sentido. Es tópico manido que este nuestro tiempo nos conduce a cambios vertiginosos, pero caigamos en la tentación para afirmar que ahora se juega no ya una condición histórica de lo humano, contingente y mudable, sino la misma noción  de Humano y de Humanidad. No ya la implosión del concepto de lo que sea una vida humana (100, 150, 200 ó 1.000 años como afirman algunos), de lo que sea el sexo o el género, de la reproducción humana y de la (in)existencia de relaciones naturales como la paternidad, la filiación o el matrimonio sino de las posibilidades técnicas que harán posible una vida perfectamente autónoma y hasta quizá-desgraciadamente- altamente previsible. Y quizá, hasta un mundo en el que el Hombre sea capaz de crear Vida y hasta Consciencia. En cualquier caso, la Masonería tendrá que pensar en aquéllos futuros hombres y darles la posibilidad de que agrupados cuenten la mejor historia de toda su vida.