La Logia del campo de concentración alemán.

La Logia del campo de concentración alemán.

Liberte Cherie Campo de concentración
Placa conmemorativa de la Logia Liberte Chérie ©Marvins21 Wikipedia

Era un campo de concentración de muerte lenta. No había cámaras de gas, pero era un campo de concentración aislado, en pleno territorio alemán del Emsland, Baja Sajonia, donde se apilaban los prisioneros clasificados como “NN” es decir, deportados condenados a “desaparecer en la noche y el niebla” (de ahí el nombre Nacht und Nebel) estaban en aislamiento total. El contacto con el exterior estaba terminantemente prohibido, y cualquier rastro del destino de sus presos era silenciado: nadie sabrá, en el futuro, qué sucedió con ellos, y las tumbas no llevan los nombres de los muertos. “Regularmente los presos eran llevados a juicio. Jamás volvíamos a verlos”, dijo Franz Bridoux, deportado a la edad de 18 años en este campo.

En mayo de 1943, dentro del sórdido barracón 6, en pleno centro del campo de concentración, un centenar de hombres estaban recluidos en poco más de 500 metros cuadrados. Entre ellos, los fundadores de la futura Logia masónica Liberté Chérie. Eran cuatro, arrestados unos meses antes por la Gestapo por espionaje y por colaboración con el enemigo. Antes de este campamento, entraron a través de una prisión en Bochum, en el Ruhr. Los Hermanos eran Franz Rochat, de 35 años, farmacéutico; Jean Sugg, de 46 años, comerciante, y Guy Hannecart, 40, abogado; tres “Hermanos” de Bruselas, Iniciados en el Taller Amis Philanthropes, y comprometidos con la resistencia. También Paul Hanson, magistrado de 54 años, Iniciado mucho antes en la Logia Hiram, también en el servicio de Resistencia. “Ils n’ont guère tâtonné pour se reconnaître et s’assurer que cette appartenance ne faisait aucun doute“, dijo Franz Bridoux.

En la parte inferior del dormitorio del Bloque 6, cada domingo por la mañana, los católicos -una gran mayoría- celebraban en secreto la misa. Durante el servicio religioso, tanto los no católicos como los no creyentes -mucho menos numerosos- hacían de pantalla y vigilaban que no apareciera ningún guardia, ya fuera desde las ventanas como desde las puertas del edificio. En caso de alarma, la misa era interrumpida rápidamente y el grupo se dispersaba disimuladamente. “Con la misa, una primera selección ya estaba hecha entre los presos. Y en el pequeño grupo de los no creyentes, después de varias semanas de convivencia, los masones nos reconocíamos con más facilidad”, dice Fernand Erauw, Iniciado en la Logia Liberté Chérie. Mientras que los católicos se reunían el domingo por la mañana, los Hermanos tenían la oportunidad de reunirse en privado, en la sala de estar del barracón.

En otoño, a los cuatro hermanos se unió Luc Somerhausen, 40, periodista, judío, comunista e Inciado en la Logia Action et Solidarité. Era bien conocido en los círculos masónicos ya que ocupaba una posición en la jerarquía del Gran Oriente de Bélgica. También fue trasladado al Barracón Joseph Degueldre, de 39 años, médico, miembro de la Respetable Logia Action et Solidarité, fuertemente vinculado con el grupo del Ejército Secreto, el movimiento armado de la Résistance belga. Un séptimo Francmasón llegó finalmente al campo de concentración: Amédée Miclotte, de 41 años, un profesor de filosofía, detenido por espionaje.

Siete maestros: este era el número que convertía el Círculo Fraternal que se reunía en el barracón número 6, en una Logia justa y perfecta. Luc Somerhausen sabía bien qué procedimiento era necesario ejecutar para levantar columnas como Logia e instalar los Oficiales, por lo que escribió en secreto los estatutos de a misma y eligió el nombre de Liberté Chérie. El acto de apertura tuvo lugar a finales de noviembre de 1943. Paul Hanson fue elegido como Venerable Maestro. “Los católicos eran conscientes de que los no creyentes organizaban encuentros durante la misa, pero los profanos jamás supieron que, justo al lado de la celebración de la misa, masones abrían trabajos en una Logia cubierta, y ejecutaban sus Rituales con absoluta discreción”, afirma Franz Bridoux.

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