Jep Gambardella y La Gran Belleza, una reflexión existencial muy siglo...

Jep Gambardella y La Gran Belleza, una reflexión existencial muy siglo XXI

Jep Gambardella y La Gran Belleza, una reflexión existencial muy siglo XXI
Jep Gambardella y La Gran Belleza, una reflexión existencial muy siglo XXI

El personaje de Jep Gambardella, protagonista de la película La Grande Belleza del director Paolo Sorrentino me parece una perfecta ejemplificación de un existencialismo al modo siglo XXI: patético pero irónico, compasivo y sin embargo individualista, sentimental y cínico como sólo puede serlo un italiano, culto, romántico y desencantado.

He visto la película tres veces, una de ellas en V.O. en italiano y en cada ocasión me ha fascinado la belleza de las imágenes y la elegancia del personaje y su temple para guardar la dignidad en medio de una atmósfera de desesperación.

La película se inicia con una cita de Céline que desvela como un exordio el significado último del film:

“Viajar es útil, ejercita la imaginación/ Todo lo demás es desilusión y fatiga/ Nuestro viaje es enteramente imaginario/Ahí reside su fuerza/ Va de la vida a la muerte/ Personas, animales, ciudades y cosas, todo es inventado/ Es una novela, nada más que una historia ficticia/ Lo dice Littre, él no se equivoca nunca/ Y además, cualquier puede hacer otro tanto/ Basta cerrar los ojos/ Está en la otra parte de la vida” Louis-Ferdinand Celine -Viaje al fin de la vida-

La película comienza con una extraña escena en la que unos turistas japoneses contemplan Roma desde la Colina Janículo, mientras un coro de mujeres canta un aire celta, y otros personajes solitarios vagan por el parque —uno de ellos contempla como reza al pie de la escultura de Giuseppe Garibaldi: “Roma o Muerte”.

La influencia de Fellini en la película es visible en la exageración de los personajes que bordean lo monstruoso y extravagante como en “La Dolce Vita” (1960) y “Ocho y Medio” (1963).

Imponente Romano, el personaje que interpreta Carlo Verdone, afirmando que a cierta edad ya no tenemos mas que la nostalgia porque cuando no nos queda futuro nuestra mirada se complace en recordar afectivamente el pasado, rememorando lo que hemos sido en un permanente ejercicio de agridulce momoria.

La película tiene un aire de naufragio —simbolizado en la imagen del Costa Concordia— el naufragio de la vejez y de la muerte, que no es inteligible para la juventud que está llena de planes de vida, el personaje de Gambardella es terriblemente consciente del tiempo que pasa, de la vida que se va, y cultiva una mirada melancólica sobre sí mismo y sobre la de los demás.

Gambardella es un artista de la mirada, se aplica a contemplar con glotonería toda la belleza que hay a su alrededor

Las últimas frases de Gambardella en la película nos invitan a asumir la vida como relato, como imaginación, a literaturizar lo que nos sucede, buscando un “truco” que dé sentido a lo que en aparentemente no lo tiene. En ese ejercicio de corrosión sobre lo que el Mundo nos ofrece no se salva casi nada: se burla del compromiso civil que no le parece sino una presuntuosa estratagema para justificar las propias falsedades, y engañarse, se mofa del arte contemporáneo por presuntuoso y comercial, de la industria cultural, de la religión instituida por hueca y decrépita, de la aristocracia, del enamoramiento siempre imaginario, del sexo que le parece un placer menor comparado con la sensibilidad artística, de la familia que brilla por su ausencia, de la codicia que nos priva de la libertad y nos encadena al poder de los mediocres, Gambardella solo respeta la amistad inteligente, la buena educación y la belleza: como Schopenhauer es consciente de la negatividad y la presuntuosidad de los proyectos humanos, se mira a sí mismo con ojos críticos y no se hace ilusiones sobre su valor, ni sobre la importancia de lo que le acontece, sin embargo se aferra a su estilo de vida, a la dignidad del caballero de mundo, a las formas de la cortesía y de la educación como una bondad menor pero suficiente, intentando disfrutar mientras tanto de aquellos momentos de belleza que se ponen a su alcance. A la postre como para Schopenhauer son la belleza y la compasividad los dos alivios frente a la dolorosa banalidad del mundo. Respecto de la religión le parece un “truco” como los demás pero sin embargo deja una puerta abierta a lo inexplicable y sagrado en la escena de los flamencos que misteriosamente obedecen a Sor María.

La Belleza se esconde y desaparece rápidamente, la Belleza física y espiritual, la que se lleva dentro del alma, es la única que puede interesar a un hombre de su edad, pero no es fácil de encontrar y es muy fácil de perder.

La Gran Belleza trata del sentido de la vida, y de las estrategias para afrontar la finitud y la muerte

Gambardella es un artista de la mirada, se aplica a contemplar con glotonería toda la belleza que hay a su alrededor, el cielo de Roma, los niños que juegan en el jardín, el Tíber que fluye plácidamente bajo los puentes, las mujeres, los palacios, las calles, los cuadros, las esculturas, los viejos edificios, las ruinas del Imperio Romano que salpican la ciudad. La película comienza con la fiesta de celebración del 65 cumpleaños de Jep Gambardella, y termina con otra fiesta en la que el protagonista nos invita a escribir el relato de nuestra existencia, como un sentido imaginal, soñado, ilusionado e iluso…, como un truco que sin embargo nos puede salvar.

La Gran Belleza trata del sentido de la vida, y de las estrategias para afrontar la finitud y la muerte; Gambardella es cortés con todos pero también duro y lúcido con la miseria vital y la vacuidad que ve a su alrededor. Gambardella es patético como los demás, pero hay algo que le salva: no se engaña, es consciente del absurdo y de la fealdad, sin caer por ello en la amargura, se refugia en la cortesía, en el respeto a las formas sociales, en la buena educación, es amable sin comprometerse con nadie, y en ese trato respetuoso con los que le rodean hace compañía a la soledad de los otros y deja que los otros le hagan compañía.

La música que suena en la película es maravillosa:

Vladimir Martynov “The Beatitudes” y Arvo Pärt “My Heart´s in the Highlands”.