300 años de Humanismo

300 años de Humanismo

Masones en España
Trescientos años de Humanismo ©Pilar Abuin

Hay un recorrido masónico, el conocido como simbolismo, que se data su inicio en 1717, donde cuatro logias de la ciudad de Londres se federan para organizarse y articular sus actividades dando lugar a una experiencia que resultaría trascendente. Se plasmaba por primera vez una federación nacional de asociaciones civiles laicas en Europa para permitir la fundación de una Gran Logia especulativa. Una organización absolutamente desconocida hasta la fecha. Fue un acto novedoso que posibilitó el nacimiento de una Masonería con capacidad de reunir en su seno a rivales políticos, académicos, intelectuales diversos, profesionales de ramas distintas, aristócratas y burgueses, con el fin de estudiar y cultivar las ciencias experimentales y la filosofía, bajo la premisa de la tolerancia mutua.

Nace la Masonería Especulativa como parte fundamental del progreso humano. Comprometida en liberar al ser humano de tutelas y teniendo para ello como herramienta de trabajo la mejora moral e intelectual de sus miembros. Son trescientos años donde la Masonería ha sido crisol de ideas, y donde han hallado lugar todos los seres humanos comprometidos con su tiempo. Isaac Newton en el siglo XVIII lo expresaba de esta guisa: “La Francmasonería es una plataforma de lucha contra la ignorancia en todas sus formas”… entendiendo que la ignorancia es el cooperador necesario para que florezcan en ella, la sumisión y el vasallaje. Algo similar diría siglos más tarde el líder africano Nelson Mandela, quien con su integridad moral logró quebrantar el apartheid: “la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar un pueblo…”.

La Masonería no es solo una acumulación de conocimientos esotéricos, sino también es la heredera de la Ilustración y de los procesos emancipadores que desde Francia sacudieron el absolutismo y las tinieblas de Europa.

Aun siendo 1717 una fecha muy importante para la Francmasonería Universal, una Orden como la Francmasónica, que proviene de sí misma, seria osado tenerla en exclusiva como fecha fundacional, sin que ello menoscabe la trascendencia del evento. Si entendemos la Masonería como una colectividad libre de dogmas, que reúne seres humanos con estatus de igualdad y fraternidad en sus relaciones, el poner fecha a tal voluntad de acercamiento es difícil, pues esta en sí misma es atemporal.

La Masonería no es solo una acumulación de conocimientos esotéricos, sino también es la heredera de la Ilustración y de los procesos emancipadores que desde Francia sacudieron el absolutismo y las tinieblas de Europa. Es la anfitriona que encarnó los vientos de la libertad que recorrieron todo el continente americano de Norte a Sur. Y sobre todo poniendo énfasis en que frente a un mundo torturado solo cabía abogar por la felicidad del género humano.

El nacimiento de la Masonería Especulativa se produce en el seno una sociedad que está en el umbral de la revolución industrial. En la que aún la esclavitud formaba parte de las “herramientas” de producción. En la que las iglesias sin pudor alguno cobraban sus tributos en forma de diezmos o los monarcas consideraban que su ejercicio era por derecho divino. La mujer estaba relegada a permanente minoría de edad y la representatividad política era casi anécdota. Es el momento en que comienza a eclosionar el estado de derecho de las cenizas de lo que todavía era el estado feudal. Un proceso que sería difícil de entender y describir sin la presencia de ilustres francmasones.

La Masonería es una apuesta, encaminada a auspiciar un mundo más horizontal y solidario. Más igualitario y con cotas distintas de justicia y tolerancia. Que se enfrenta a un escenario vertical, dogmático y patriarcal. Un recorrido que contemplará la repartición del poder divino del magistrado, primero con la burguesía y posteriormente con amplias capas de la ciudadanía. Y en paralelo se consagra la laicidad como valor de convivencia. Los cambios políticos, sociales y económicos en estos trescientos años son imparables tras el colapso del Antiguo Régimen. Nace un mundo que marca una nueva época, también para la Masonería. De gentes que claman por su lugar en el mundo, lo que tiene un eco perfectamente inteligible en el artículo 1º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Durante este tránsito, a pesar de aquellos que sostienen lo contrario -pese a la evidencia-, la Masonería y la política no pueden ignorarse. Lo mismo que sucede con muchas otras facetas de la vida colectiva. Pero no por ello podemos caer en la tentación de ser un poder en la sociedad. Se trata de mantener vivo el debate, cultivando el pensamiento dinámico e innovador conforme a los objetivos de contribución al progreso de la sociedad. Pero en todo momento regulado fraternalmente. Teniendo siempre muy presente que somos un espacio libre de reflexión. Rehuyendo un partidismo inaceptable en nuestro mundo simbólico y los riesgos de fractura que pueda representar.

La Masonería como receptáculo del Librepensamiento, ahormada en trescientos años dinámicos socialmente, es un mundo poliédrico y transversal, de personas libres, sin axiomas ni certezas absolutas, de duda cartesiana. Que se apoya en la extraordinaria fortaleza del Rito, desde el que elaborar las necesarias reflexiones que sustenten un horizonte filosófico en un mundo convulso, donde grandes valores se cuartean victimas de ambiciones desmedidas y desigualdades crecientes. Es nuestro vehículo místico en el que encuentran acomodo variadas reflexiones especulativas, tendencias diversas y sensibilidades que abarcan de lo espiritual a lo racional. Es nuestra poderosa antorcha que debemos portar como Luz propia para que ilumine la Tradición y el Futuro.

Somos la Masonería Especulativa. Que se organiza regularmente para abrazar la Libertad como enseña, la Igualdad como equilibrio, la Fraternidad como razón de ser y la Laicidad como escudo frente a las presiones fundamentalistas.

A lo largo de estos tres siglos la Francmasonería se encontró un mundo cuyo orden establecido no se legitima por sí mismo, sino a través de la lucha permanente por la dignidad humana. La Francmasonería en ese espacio desde el librepensamiento ha sido un eficiente motor de autonomía moral. Y uno de sus aportaciones, es la Laicidad. Un valor que como principio fraterniza la convivencia social mediante la garantía de la libertad de conciencia definida en el marco de unos límites jurídico-constitucionales que impiden el monopolio confesional.

La Francmasonería Especulativa, desde su espíritu primigenio, liberal y adogmatico, como heredera de los precursores del siglo XVII, la Royal Society, de la Ilustración y de las Luces, en su pedagogía ha impartido esos valores encaminados a combatir los dogmas y al pensamiento domesticado. Fiel a su espíritu, con los altibajos propios de su prolongado viaje por la historia, es un mensaje de fuerza y vigor por la dignidad de los seres humanos. Los valores de la Ilustración que la Francmasonería ha portado en su recorrido no son pasaje brillante del pasado, sino algo que íntimamente ligados a la Razón dan sentido a la pervivencia activa de la Orden.

Nacida como colectivo moderno y progresivo, en algún momento histórico corrió el riego al evolucionar la sociedad hacia el progreso social, de convertirse en un cuerpo errático y rígido. Impropio de su humanismo y de su vocación de ser crisol de ideas y lugar de encuentros entre iguales y diversos.

Somos la Masonería Especulativa. Que se organiza regularmente para abrazar la Libertad como enseña, la Igualdad como equilibrio, la Fraternidad como razón de ser y la Laicidad como escudo frente a las presiones fundamentalistas. La que desde su mixticidad ampara y promueve la igualdad de género, aboliendo el enrocamiento en logias ceñidas a la razón de sexo. Que se niega a la anomalía de a enviar al ostracismo al cincuenta por cien del género humano. La que encamina sus trabajos en pos de sociedades fraternales presididas por la Libertad. En la que hombres y mujeres gocen, -en la tierra y en toda la tierra- en igualdad de derechos de una sociedad justa usufructuando los valores morales y materiales del progreso.

No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres, y en ese camino estará siempre la mano fraterna es la Francmasonería. Un Francmasonería que es consciente de que la libertad es, en la filosofía, la razón; en el arte, la inspiración; en la política, el derecho, y que hace suyos en el debate la razón, la inspiración y el derecho.

Comprender la sociedad en que vivimos, para la que vivimos, es un reto obligado que exige respuesta de cada uno de nosotros. No llega con encerrarse al abrigo de nuestros Templos mientras lo cotidiano asola la convivencia, las libertades, las conquistas sociales o económicas y anquilosarnos en el ayer… Somos hombres y mujeres masones, compartiendo el latido de la sociedad de la que formamos parte. Si el progreso nos brinda la posibilidad de un mundo menos cruel y más caritativo para los desheredados, no podemos caer en la inacción de estrechos corsés dogmáticos, ofendiendo nuestra vocación fraternal con una ausencia que sería moralmente insoportable.

Somos una fuerza liberadora, que fomenta la manumisión individual como vía de la colectiva. Que no puede ni debe basarse en lucha de poder o en un proyecto dominador.

Somos peregrinos de la perfección moral, profetas del dialogo y aprendices de los conocimientos. Nuestra constante ha de ser razonar y hacer emerger el consenso.

Tras trescientos años de especulativismo, y sobre todo, si deseamos celebrar otros tres siglos de trabajos al Progreso de la Humanidad, tenemos la ineludible obligación de no adormecernos recreándonos en nuestra biografía por laudatoria que haya sido Desde la grandeza permanente de nuestros ritos y metodología, desde su riqueza mística, ser conscientes de los cambios veloces que sacuden al Universo. Hemos sido en no pocas ocasiones vanguardia de la Historia. Y no pocas veces nos hemos reinventado en   nuestra andadura sin perder en ello las esencias.

Somos una fuerza liberadora, que fomenta la manumisión individual como vía de la colectiva. Que no puede ni debe basarse en lucha de poder o en un proyecto dominador. Sino en el goce del ser y en la sublimación de las formulas generosas de ser, de compartir. Que siempre renacen en su virtud de Orden Iniciática. De espiritualidad y liberación.

Es nuestra obligación como Masones, no perder jamás las esencias ni la tradición. Pero tampoco, perder el mundo.