Qué futuro deseamos los masones

Qué futuro deseamos los masones

Futuro en Masonería Española
¿Qué futuro deseamos los masones?

Sin duda, un aspecto determinante y caracterizador de la modernidad “occidental” ha sido la aplicación de los descubrimientos científicos al desarrollo de técnicas aplicadas a la producción de bienes, primero tendentes a facilitar el trabajo y después a incentivar el consumo masivo como medio de asegurar la continuidad de las estructuras de producción y del sistema económico surgido de ellas. El hedonismo parece ser la oferta filosófica final a la que está conduciendo. Como ya ha dicho antes alguien, la de la modernidad es una civilización que da razones de actuar, pero no se interesa por la razón de vivir. Las “ciencias”, comercializadas a través de técnicas que contribuyen a la consolidación del modernismo occidental, están careciendo de “conciencia”.

A pesar de las apariencias, el trasfondo ético que ha pervivido en la sociedad modernista ha sido el de los valores tradicionales judeo-cristianos laicizados. De ahí el concepto, frecuentemente expresado, de que las técnicas han ido más deprisa que el propio Hombre. La sociedad de la que puede llamarse Edad Moderna, desde el siglo XV, se ha sustentado sobre el esquema ético que aún vemos propuesto diariamente en las manifestaciones culturales (cine, teatro, literatura, televisión) producidas y difundidas, en buena parte, por el adalid del modernismo occidental: los Estados Unidos de Norteamérica, cuya bíblica Constitución es la más vieja de las existentes y una de las muy pocas que contemplan aún la pena de muerte.

Es necesario aprender que COMPARTIR NO ES PERDER, sino ganar

¿Es vislumbrable la consolidación de una nueva escala de valores a medio o largo plazo? Creo que la respuesta depende de a qué llamemos nuevo. La sociedad tiene primeramente que tomar conciencia de la negatividad de algunos rasgos que resultan evidentes para muchos, dentro de la actual fase de la cultura posmodernista en la que vivimos: hay que enseñar a nuestros niños, a nuestros jóvenes, que la vida humana tiene sentido si logramos identificarnos, en cuanto individuos y en cuanto especie, como parte indispensable de la realidad universal y que, para ello, hemos de aprender a ver las cosas como otras tantas partes del gran rompecabezas universal.

No es posible excluir a nadie del gran juego y no vale creer que el progreso humano se produce sin esfuerzo y sin sacrificio. No es posible ningún tipo de acracia, por muy estupenda que nos parezca la idea. Sigue siendo indispensable que los hombres nos organicemos respetando normas de convivencia, con arreglo a valores auténticos inherentes a nuestra naturaleza humana. Es necesario aprender que COMPARTIR NO ES PERDER, sino ganar; y que COMPETIR DEBE SER EMULAR Y NO DERROTAR. Emulando se trabaja junto a otros para compartir los resultados, porque esos resultados son logros del Hombre como especie. Hay que aprender a desarraigar la obcecación integrista, ya sea bíblica, política o de cualquier otro signo, conservando lo que haya de universal en sus mensajes.

De otra manera, también los valores positivos del modernismo pueden perderse, partiendo a la deriva el magnífico logro social que representa el Estado de Derecho, debilitándose su autoridad moral, dejada en manos de subgrupos que persiguen exclusiva o prioritariamente la consolidación de intereses privilegiados, alejados del sentimiento solidario, sin el que la res-pública pasa a ser res-privata.