El silencio en Masonería

El silencio en Masonería

El silencio en Masonería
El silencio en Masonería

El discurso del Silencio

Con cierta frecuencia, el aprendiz interviene en los debates que se producen en Logia, ya sea por decisión del Venerable Maestro en temas simbólicos o por situaciones que tienen que ver con el funcionamiento del Taller y se votan en ese Grado. Nada que objetar; al contrario, salvo la exigencia siempre presente de que cualquier intervención en Logia debe mejorar a las anteriores, aportar un nuevo punto de vista y, sobre todo, evitar una repetición de concepto a todas luces innecesaria y que nos hace a todos perder el tiempo.

Una acción que, siendo coherentes con nuestros pronunciamientos favoritos sobre El Eterno Aprendiz, con independencia del grado que se tenga, debe extenderse a todos los Hermanos, desde el primero hasta el último en llegar y mucho más en aquellos que ostenten un cargo directamente relacionado con el buen gobierno de la Logia o la formación de aprendices y compañeros. Léase Comisión de Familia en particular y Maestros en General.

No hay nada más inadecuado que la intervención de un Maestro que lo hace por obligación sugerida y meramente decorativa de la situación, sin aportar la certeza y la coherencia intelectual que cabe esperar y, en consecuencia, la aportación efectiva de nuevos valores al discurrir del debate. Aquí si que es exigible el silencio prudente, que a todos beneficia, sobre todo a aprendices y compañeros, que valorarán en ese maestro precisamente su mesura y rectitud en el uso de la palabra y no precisamente lo contrario. Esa es la verdadera enseñanza que realmente nos hace avanzar.

El aprendiz debe saber que sin silencio no se crece, puesto que no se escucha y no se valora al otro. Sin un destilado de silencio interior, no nos abrimos a la expresión del Hermano que nos antecede. Cuando optamos por no hablar, abrimos los canales de concentración, observamos, escuchamos y contemplamos. Estamos aprendiendo a ver la luz. Ello exige una gran fuerza de voluntad. No es nada fácil guardar silencio. Y aquí creo sinceramente que está una de las claves del equilibrio de un Taller. Aprovechar cada minuto en el que “ya no estamos en el mundo profano”, como dice el Venerable Maestro al comenzar la Tenida, para escuchar y aprender del Hermano que verdaderamente tenga algo que decir, sin reproducir esquemas de comportamiento que tengan que ver con otros entornos exteriores.

Si, Hermanos, tan importante es para mí este aspecto que se convierte en una de las razones fundamentales por las que di el paso de la Iniciación. La seguridad y la certeza de “Estar a Cubierto”, con la confianza de que encontraré discursos que me harán crecer y el compromiso personal de que cada vez debo hablar menos y actuar más en pos de mi Logia. Simbólicamente, el Silencio es Fundamental. Cuando nos iniciamos, lo primero que se nos dice es que adquirimos la obligación de callar, especialmente cuando se nos indica que no debemos revelar los secretos de la orden ni la palabra enseñada al mundo profano. El silencio simboliza la discreción y la disciplina del masón, así como su lealtad frente a sí mismo y sus hermanos. Por ello, el masón prefiere que le corten la garganta antes que romper su silencio.

A partir de aquí, la estela de nuestro camino masónico nos dice que tenemos que aprender a hablar poco; lo justo y suficiente. Significa en el masón en general, no sólo en el aprendiz como ya he dicho, la fuerza de voluntad, el carácter templado, el dominio de si mismo, la elevación de su espíritu. A menudo es la soberbia profana la que nos anima a pedir una y otra vez la palabra, desajustando un camino que es necesario, entre todos, cambiar, respetando el rito con absoluta limpieza y exigiendo, repito, exigiendo a los responsables de corregir actitudes que atentan contra el silencio que actúen con discreción y en el momento oportuno. Que actúen.

Uno, además, es amo de sus silencios y esclavo de sus palabras. Lo que significa que, en Logia, debemos asumir cuanto decimos absolutamente, sin reticencias ni aristas, evitando la guardia habitual con que decimos las cosas en el mundo profano, porque nos avala la comprensión de nuestros Hermanos, que esperan siempre lo mejor de nosotros y, en consecuencia, cuanto decimos forma parte inmediatamente de todos y a todos nos implica. Por eso, Hermano, calla si no tienes nada constructivo que decir.

No quiero terminar esta Plancha dando una sensación de control o de rescisión de la libertad individual. Cuando hablo del silencio, no se trata de ese callar ominoso que produce el miedo. Tampoco el silencio reverencial que acompaña a las liturgias religiosas. Hablo del mayor acto de libertad que tiene un masón en Logia, que es usar la palabra justa en el momento adecuado y, en consecuencia, callar cuando nada aporta. Ese es el trabajo esencial de todos los Maestros en Logia con respecto a un aprendiz. Enseñarle un camino el en que se sienta absolutamente libre para hablar cuando lo considere oportuno, sin trabas de ningún tipo, valorando cada minuto en que esté en el uso de la palabra.

Esta acción es también uno de los secretos de la continuidad de una Logia. Porque un aprendiz que se siente libre construye un discurso que inmediatamente es asumido por los demás Hermanos, para elevar el concepto que se esté tratando, entre todos, a la máxima categoría. El aprendiz se da cuenta de que, aunque sea un recién llegado y sus conocimientos masónicos sean, por lo tanto, escasos, puede contribuir al desarrollo del Taller, porque nos pone a los demás en el camino necesario. Precisamente por todo ello, insisto en que en el Taller todo ha de ser Silencio y sólo se romperá cuando sea el momento de compartir y debatir, regresando siempre a la escucha activa que se nos supone, para tomar la mejor decisión posible, acompañado siempre del trabajo del Maestro de Armonía, que encaja su saber precisamente en esos huecos donde se espera de nosotros la mayor reflexión.

Al terminar la Tenida, el Venerable Maestro nos pide que juremos o prometamos guardar silencio. Cumplamos el compromiso y aprovechemos el posterior Ágape precisamente para suavizar la vuelta al mundo profano y podamos compartir aquello que no encajaba a Cubierto, pero que merece la pena seguir debatiendo, con las debidas garantías. Hermanos, que el silencio nos conduzca a todos, cada día, a encontrar mas luz; a tener mas compasión; a recordar que en Logia el silencio nos abre la puerta espiritual a lo trascendente, y que nos lleve, en el día a día, a una mayor indulgencia hacia nuestros semejantes y a la aceptación de nuestra propia limitación, pero a la vez a la certeza de que así como somos imperfectos, también somos perfectibles.

A. M., Maestro Masón.