Discurso de Nieves Bayo, Gran Maestre, en la clausura de la Asamblea...

Discurso de Nieves Bayo, Gran Maestre, en la clausura de la Asamblea de la GLSE

Masoneria en Barcelona
Imagen Asamblea Gran Logia Simbolica Española en Barcelona

Discurso íntegro de la Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Española, Nieves Bayo, en la clausura de la Asamblea Anual de la Orden.

Hermanos del Oriente de Barcelona, que nos habéis acogido en vuestra casa y la habéis hecho nuestra: gracias por vuestra hospitalidad, por el excelentes trabajo realizado y por vuestra dedicación.

Hay una frase que siempre digo, que siempre uso: es la expresión todos juntos. Esto tenemos que hacerlo todos juntos; tenemos que trabajar, que pensar, que organizar, que soñar “todos juntos”.

Es verdad. Siempre lo digo. No es una casualidad. Y lo voy a seguir diciendo, lo mismo ahora como Gran Maestre que como hermana de mi Logia, dentro de un tiempo, cuando deje este oficio para el que me elegisteis. Y lo voy a seguir diciendo por una razón muy sencilla: porque lo creo, lo creo de verdad.

Creo que la Gran Logia Simbólica Española, este empeño difícil y abnegado al que muchos de nosotros estamos entregando lo mejor de nuestra vida, es un hermoso sueño que sólo puede hacerse realidad si lo soñamos todos juntos. Si creemos de verdad en lo que decimos cuando unos a otros nos llamamos hermanos. Si cumplimos lo que juramos cuando, en la Iniciación, decimos que tenderemos la mano, con absoluta buena fe, a cualquiera que pueda encontrarse allí y con el que hayamos tenido diferencias.
Creo con toda mi alma que la dificilísima, la frágil, la complicada metáfora de la Fraternidad masónica sólo es posible si establecemos una distancia esencial, irreversible y rotunda entre la actitud que mantenemos entre nosotros, que siempre decimos que se basa en la sinceridad y en la lealtad, y la actitud, ambiciosa y cínica que vemos todos los días en el mundo profano.

Creo de todo corazón que aquí estamos para hacernos mejores personas, y no peores. Repito: mejores personas y no peores.Aquí trabajamos todos juntos, lo repito una y mil veces, por el bien de todos y cada uno, y por el bien de esa sociedad a la que siempre decimos que tratamos de mejorar. Pero todos juntos, porque la barca es la misma para todos y porque en ella vamos todos; y todos somos iguales, porque nos reúne aquí el mismo sueño, la misma utopía, la misma voluntad; todos juntos, porque nos hemos comprometido todos a la lealtad masónica y no al compadreo profano.

Esto que hacemos, la Masonería, es de tal delicadeza emocional, de tal complejidad filosófica y racional, de tan rara e infrecuente praxis en la sociedad humana, que sólo puede hacerse si la hacemos todos juntos, remando en la misma dirección, aunque muchas veces no estemos de acuerdo en la cadencia de la boga o en el tamaño de los remos. Creo firmísimamente en eso.
Porque mantengo intacta la fe en el compromiso de mi Iniciación. Porque sigo creyendo que esto sirve para algo, que servimos para algo, lo mismo a nosotros que a los demás. Porque nos encontramos ahora mismo en un momento trascendental, no sólo para nuestra Gran Logia sino para la Masonería como idea, como institución que se llama a sí misma universal, como propuesta para una humanidad desconcertada.

La GLSE se halla en este momento a punto de dar un salto decisivo en su infraestructura; un salto en el que nos jugamos mucho y que puede llevarnos del siglo XX al siglo XXI. Y también ante una reforma estatutaria que en realidad pretende exactamente lo mismo: proporcionarnos a todos un esquema legal que nos permita funcionar de una manera realista, dinámica, equitativa y adaptada a lo que hoy somos, a lo que pretendemos y a lo que aspiramos. Lo uno y lo otro son necesidades inaplazables, y eso lo sabemos todos.

Ahora sólo falta que entre todos reunamos la suficiente dosis de realismo, de generosidad, de valentía y de capacidad de concordia (los masones sabemos mucho de todo eso) como para sacarlo adelante. Entre todos. Una vez más, entre todos y para todos. Porque si no es así, nada de lo que intentemos servirá para nada.

A ninguno.

Pero el verdadero desafío es mucho más serio y difícil. Lo saben en CLIPSAS, lo saben en la Unión Masónica del Mediterráneo, lo saben en Estrasburgo y en Bruselas, lo saben en todas las Grandes Logias y Grandes Orientes del mundo: la Masonería tal y como la conocemos está a punto de cumplir trescientos años y se encuentra ante la urgencia de llevar a cabo, por quinta vez en su historia, una transformación profunda, una metamorfosis en la que, si me permitís la frase, casi diría que le va la vida.

El mundo, la sociedad en que vivimos, está cambiando a una velocidad enorme. El cambio es mucho más rápido y no menos drástico que el que sobrevino cuando el Renacimiento acabó con la sociedad teocrática de la Edad Media, o aquel que volvió del revés el mundo occidental con la revolución francesa, o el que se produjo con la revolución industrial o las guerras mundiales. En todas esas ocasiones, la Masonería fue capaz de reconstruirse a sí misma sin variar nunca sus principios esenciales, y gracias a eso logró colocarse en la vanguardia de la sociedad. Porque supo ser fiel a su tiempo y a las necesidades de su tiempo. Porque en cada una de esas ocasiones supo definir qué era, de dónde venía, para qué estaba ahí, para qué servía a las gentes. En un mundo abotargado por la sobredosis de información; en un mundo en el que las comunicaciones y las relaciones entre las personas se han vuelto no ya rápidas sino instantáneas, pero también virtuales y controlables; en un mundo en el que no se sabe ya quiénes mandan de verdad ni dónde están, pero sí sabemos que, sean quienes sean, han determinado poner en pie la espeluznante fantasmagoría de Aldous Huxley: crear “la apariencia de una democracia, una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñarían en evadirse. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos tendrían amor por si servidumbre”; en un mundo, pues, partido en dos: de un lado una minoría opulenta y del otro una masa ingente que padece hambre o, todavía peor, que se somete a lo que le manden por el miedo a pasar hambre; en un mundo que camina hacia la deshumanización, a la destrucción impune de los recursos naturales, a la eliminación de los valores, de los derechos y de la dignidad de la gran mayoría de los seres humanos; en un mundo que ve sin inmutarse cómo en sólo dos años se ahogan en la tumba del Mediterráneo más de diez mil personas que trataban de salvar sus vidas, y lo único que parece preocupar a los gobiernos es cómo impedir el paso a los que no han muerto…

En un mundo acosado tanto por el fanatismo religioso como por el fanatismo xenófobo, que vuelven a ir de la mano como tantas veces en la historia; en un mundo en el que tanta gente habla a la vez pero nadie escucha, en realidad, a nadie; en un mundo que se nos está viniendo encima a toda velocidad, sin ejércitos, porque ya no hacen falta cuando se controla la economía de todos; en un mundo sin compasión, que es otra antigualla que sólo parece ser útil para los pobres; en un mundo en el que la libertad se está convirtiendo en una palabra perversa que sirve para oprimir, en el que la igualdad es una quimera de otro tiempo y en el que la fraternidad se ha convertido en un peligro, ¿qué hacemos los masones?
Mejor dicho: antes de saber qué hacemos, deberemos decidir qué somos. Qué pretendemos ser.

Esa es la pregunta fundamental.

La GLSE está presente en multitud de foros masónicos internacionales. Estamos haciendo un tremendo esfuerzo para estar allí donde se plantean estas preguntas, donde se piensa con seriedad en cuál es el futuro que nos espera, en cómo podemos construirlo. Y en todas partes a las que acudo veo, más o menos explícito, más o menos preocupado, el mismo desconcierto. Eso me parece bien, porque donde hay desconcierto y preocupación es que, al menos, hay gente que está generando ideas. Y se reproducen las desconfianzas, y afloran las vanidades, y parecemos sentirnos profundamente satisfechos con nuestras viejas y hermosas ceremonias que, no lo olvidemos, no son un fin sino un medio, una herramienta para conseguir lo que no tenemos.
Qué somos. Qué nos proponemos ser los masones en un futuro que ya está aquí y en el que ni nosotros ni nadie parece tener demasiada capacidad de decisión.

La única manera que se me ocurre de buscar una respuesta a esa pregunta esencial es la que os decía al principio: hacerlo juntos. Distinguir lo importante de lo accesorio. Pensar entre todos, actuar entre todos, trabajar entre todos. Cuidado: no estoy pidiendo que se elimine el desacuerdo, porque eso sería letal, como vemos todos los días en el mundo profano. Lo que sí pido, y podéis creerme que lo hago con todo el corazón, es que eliminemos de entre nosotros la desconfianza, la descalificación, el rencor, la ambición.

Trabajemos juntos. Para eso somos hermanos. Para eso somos generosos. Para eso somos masones. Trabajemos juntos en la conciencia de que ese no sólo es nuestro deber como francmasones, sino nuestra única esperanza de supervivencia como organización de personas libres que buscan la libertad, la igualdad y la fraternidad de todos. Pongamos la vista en lo importante y resolvamos con generosidad y con largueza aquello que nos pueda separar, porque la desunión y el enfrentamiento son, ahora mismo, más peligrosos que nunca antes. Tendámonos la mano como hermanos que somos. Apretemos más que nunca, más sinceramente que nunca, la Cadena de Unión. Sabemos cómo se hace: nos lo enseñaron cuando éramos Aprendices y el cielo se apiade de quien lo haya llegado a olvidar.

Queridas hermanas y queridos hermanos del GOdF, DH , GOd Suiza, GLISRU, GOI, GLFE , GLSPortugal
Muy Sabio y Perfecto Gran Venerable del Gran Capitulo General de España, Jordi Farrerons
Soberana Gran Inspectora General del Supremo Consejo Masónico de España, Ma. Ángels Prats:

Conservemos, protejamos juntos la llama de la esperanza en un futuro que nos toca pensar, diseñar y construir a nosotros mismos. Y creedme: si permanecemos juntos, sólo si trabajamos todos juntos, ese futuro sí existirá. Y esa esperanza sí tendrá sentido.

He dicho.

Nieves Bayo, Oriente de Barcelona, 11 de junio de 2016.