Críticas y Fobias

Críticas y Fobias

Masonería España Islam
Contra el fanatismo islamista de la Yihad y contra la islamofobia de los nostálgicos, la mejor respuesta es una laicidad educadora, inclusiva y crítica.

A mi juicio, contra el fanatismo islamista de la Yihad y contra la islamofobia de los nostálgicos de una sociedad homogénea y monista en lo político y también en lo religioso, la mejor respuesta es una laicidad educadora, inclusiva y crítica, fundada en nuestros valores constitucionales y no el refuerzo de la multiconfesionalidad en la escuela—como propone con su mejor intención Riay Tatary Bakry—. (Los musulmanes en España. EL PAIS 25. Agosto 2017)

Tiene razón sin embargo Riay Tatary Bakry cuando dice: “Debemos distinguir entre personas de bien y de buena voluntad, que son la inmensa mayoría, de aquellos individuos antisociales, violentos y asesinos, depredadores que captan a nuestros hijos para conseguir sus objetivos criminales. Son captadores nocivos en cuya detección debemos cooperar todos para lograr una más efectiva prevención y represión del terrorismo.” Aunque siguiendo su razonamiento todos debemos preguntarnos, musulmanes y no musulmanes, por qué el yihadismo tiene tal capacidad de captación para la violencia y el asesinato, entre jóvenes de familias musulmanas. ¿De donde surge ese islamo-nacionalismo violento? Para hacer posible una sociedad la convivencia en una sociedad pluralista en lo ideológico y en lo religioso tenemos que educar a nuestros hijos en todo aquello que nos une más allá de nuestras diferencias, lo que José Antonio Marina denomina el Marco Ético Común que no es, a la postre, sino esa ética dispositiva y liberal del humanismo democrático.

La posición social y política de la Religión y el Poder político en las sociedades modernas solo se ha normalizado en un marco de mutuo respeto y también de mutua libertad de crítica, después de un largo y conflictivo período de violencias, tensiones y controversias abanderadas por las divisiones religiosas que se pueden remontar por lo menos hasta el siglo XVI y que ha durado hasta el siglo XX en el que otras ideocracias —esta vez ateas —como el Comunismo y el Nacional-Socialismo se presentaron a sí mismas como fórmulas políticas redentoras con el macabro resultado que todos conocemos.

El Cristianismo en Europa, en sus diversas denominaciones, ha evolucionado, perdiendo poder político pero profundizando su vocación ética y soteriológica, en definitiva renunciando velis nolis a la ambición teocrática de presentarse como un régimen de Cristiandad. El cristianismo ha reconocido la autonomía de la política democrática y la mayoría de edad de las sociedades secularizadas y eso ha sido un logro para la sociedad y a mi juicio, también para la libertad del cristianismo y su mensaje religioso aunque haya supuesto una pérdida de poder político para las Iglesias. Como decía el puritano Richard Williams, “el culto forzado, no libre, apesta en las narices de Dios”.

Esta evolución no ha sido ajena al hecho de que el Cristianismo ha recibido y recibe críticas, refutaciones, burlas y sarcasmos, ha sido y es debatido, puesto en tela de juicio, contrariado, controvertido y eso le ha obligado y le obliga a evolucionar, dialogar, repensarse, y de ese modo ha normalizado su presencia en Europa guardando sus libertades específicas como religión. La Modernidad democrática se basa en la libertad de crítica y hoy aceptamos que criticar el cristianismo no es necesariamente un ataque personal a los cristianos.

El Islam —como religión de masas —es una novedad en la Europa Moderna, y acampa hoy entre nosotros sin haber experimentado los efectos transformadores del largo proceso de secularización europea, instalado en una serie de presupuestos dogmáticos, valores sociales y tradiciones culturales completamente ajenas, si no antagónicas, al humanismo laico. Y ahora, además, hace acto de presencia el terrorismo islamista que rechaza cualquier crítica al Islam o ironía dirigida al profeta Mahoma, con fatwas de muerte; un islamismo político que habla de conquista y poder, que no acepta mas que la sumisión completa e invita a todos los musulmanes a una enloquecida yihad en Oriente y Occidente.

Imputar culpa personal a todos los musulmanes por los horrendos crímenes cometidos en nombre de su Dios y de su religión por fanáticos yihadistas es una terrible injusticia y además una actitud contraproducente para lograr el apoyo de la mayoría de musulmanes pacíficos y de buena fe en la lucha contra el fanatismo de algunos. La islamofobia es deleznable porque se niega a razonar, y a la postre no es sino un acto de rabia, una invitación al odio y a la violencia contra personas de fe musulmana por el solo hecho de profesar esa religión; es una actitud irracional y sectaria porque no tiene en cuenta las diferentes conductas de unos y de otros ni la conciencia de las personas, ni su situación cultural, ni sus condiciones materiales, y esa fobia no hará sino retroalimentar al propio discurso yihadista. Ahora bien, nada de eso nos debe llevar a pensar a nosotros y a los musulmanes en Europa que el Islam, sus textos sagrados, sus propuestas ideológicas, sus tradiciones sociales, sus pretensiones políticas y sus organizaciones o portavoces están exentos de crítica, la misma crítica al menos que ha sufrido entre nosotros el Cristianismo y que sufren todas las propuestas ideológicas, religiosas o no. Los musulmanes deberán aceptar que criticar una determinada propuesta del Islam no es un ataque personal a las personas musulmanas, que las ideas son siempre controvertibles y que lo que para ellos es sagrado para otros no tiene por qué serlo. Las religiones no son razas ni etnias, ni realidades intangibles, son propuestas ideológicas y deben ser tratadas como tales; el mayor respeto que podemos otorgar a una idea es tomarla en serio y someterla a crítica. La regla es máximo respeto para la buena fe de las personas pero la mayor libertad de crítica para con las ideas.

La buena voluntad de las personas no hace buenas las ideas.

Si los crímenes yihadistas y el peligro de la islamofobia se utilizan para impedir toda critica o sátira respecto del Islam por temor al mensaje de odio de los nostálgicos del Capitán Trueno y de la extrema derecha tendríamos que concluir que los asesinos de la Yihad habrían logrado su objetivo y resultaría que además de ser victimizados por el terrorismo debemos permanecer acríticos frente a las fuentes ideológicas de las que —perversamente o no — se alimenta ese terrorismo.

El Islam en Europa tendrá que asumir la misma consideración y trato al menos que el cristianismo, y los musulmanes tendrán que aceptar como hemos aceptado los cristianos europeos, que nuestras sociedades son mayores de edad y no aceptan someterse a fatwas ni anatemas sino solo a los acuerdos apalabrados entre todos en nuestros Parlamentos, que, en efecto, la fe religiosa está amparada por la sacrosanta libertad de conciencia pero del mismo modo que lo está la irreligiosidad. Dicho en un tweet: la islamofobia es deleznable, la islamocrítica imprescindible